Arriesgar como Fosbury

Una estrategia de comunicación “Como se ha hecho toda la Vida" es un riesgo muy grande. Sobretodo cuando nos quedamos con la boca abierta mirando como en la era de la información los datos saltan sobre nuestras cabezas.

Ya he abordado anteriormente el ejemplo de cómo una “simple forma" puede ser diferente en un contexto tan competitivo. Esta vez no haré referencia a la apariencia, sino al cómo ejecutando una tarea de una manera diferente se consigue un cambio transformador y beneficioso a largo plazo.

El ejercicio de la Competencia

Uno de los escenarios más competitivos, donde prácticamente todo el mundo se está comparando y copiando estrategias fue iniciado hace siglos en Grecia: me refiero a las Olimpiadas. Una de las especialidades que desde siempre ha llamado mi atención es el salto de altura.

El salto de altura, incorporado por primera vez en 1896, consiste en una prueba en la que se debe saltar la mayor altura posible superando un listón elevado a cierta distancia; el saltador corre unos metros, se impulsa con un solo pie y cae sobre una colchoneta.

Lo que no todos los espectadores de esta prueba conocen es que originalmente los atletas saltaban enfrentando el listón cara a cara. Con el tiempo la técnica evolucionó a la conocida como tijereta y posteriormente a la “Western Roll", todas estas técnicas siempre enfrentando la prueba cara a cara.

Enfrentando el problema “de espaldas"

A mediados de los años 60 un joven Dick Fosbury, sin ser un atleta profesional ni mucho menos, intentó imitar la técnica de salto de uno de sus admirados atletas especializados en salto de altura, pero el resultado fue fracturarse una mano.

De la misma forma, muchas estrategias de comunicación siguen el ejemplo del exitoso modelo de la competencia, seguros de alcanzar -al menos- el podio del reconocimiento, pero casi siempre acaban tristemente con algo más que una mano rota.

No fue hasta México 68 que Fosbury aplicó sus conocimientos de ingeniería para tomar ventaja de la fuerza mecánica del cuerpo y diseñar una forma completamente diferente de hacer el salto, de espaldas al listón.

Hoy en día, el llamado “Fosbury Flop", por su propio mérito, es la única técnica que vemos utilizar para llevar a cabo el salto de altura.

Dar el Salto

Asesorarse por personas en sintonía con tu idea, con conocimientos tal vez muy ajenos a tu sector, puede guardar el secreto para llegar más alto y superar la prueba que te has propuesto. En un principio hacer algo de una manera diferente no es más fácil, tampoco es atractivo o a la moda, “como lo hace el resto", porque es el riesgo en sí mismo lo que lo hace único.

Todo el mundo puede saltarse las reglas o incluso coger suficiente impulso para pasar por encima de las dificultades (temporalmente), pero en última instancia, el verdadero mérito será tener el respaldo de una técnica lo suficientemente creativa que nos impida caer en desgracia.

Francisco González E L

Diseñador, curioso, melómano, taciturno, tratando con caprichos a medida y esperando el inminente colapso de la ley de Moore.